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El sufrimiento puede entenderse como una reacción normativa, negativa y afectiva; es decir, como la experiencia de algo que no debería ser. La evitación del sufrimiento puede considerarse un motor de todo tipo de desarrollos humanos, ya sea en las ciencias naturales, la medicina o las ciencias sociales. Con frecuencia, el término sufrimiento se emplea como sinónimo de sufrimiento social o de sufrimiento de segundo orden, esto es, como una toma de posición evaluativa frente a un fenómeno de primer orden.
El sufrimiento social consiste en una determinada actitud evaluativa negativa de segundo orden hacia un fenómeno que se identifica como producido por los seres humanos o como susceptible de ser eliminado, transformado o aliviado mediante la acción social, ya sea individual o colectiva. A diferencia del dolor físico, el sufrimiento no implica necesariamente un componente corporal. No todo dolor conduce al sufrimiento, ni todo sufrimiento conlleva una reacción física. Cuando las experiencias dolorosas no son percibidas como fenómenos normativamente injustos, o ni siquiera como fenómenos normativos, no generan la reacción afectiva y normativa que denominamos sufrimiento.