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El trabajo ocupa un lugar central en el orden simbólico y material del reconocimiento en las sociedades modernas. Sin embargo, la propia definición social del trabajo como concepto normativo incorpora en sí misma un menosprecio hacia quienes no trabajan o son considerados como personas que no lo hacen de la manera adecuada. Este capítulo explora cómo el argumento del trabajo se utiliza para desacreditar a distintos grupos sociales y reflexiona sobre la posibilidad de que la propia idea normativa del trabajo, tal como se institucionaliza en el trabajo asalariado, constituya una forma moderna de justificar la discriminación contra los sectores más desfavorecidos.
El artículo analiza las formaciones discursivas racistas sobre la población gitana «vaga» en España y las estructuras fundamentales del argumento antisemita contra los judíos «codiciosos». No es a través del «otro», sino mediante una comprensión teórica de los procesos de alterización (othering), el racismo, el antigitanismo y el antisemitismo, como podemos comprender los fracasos de las formas de institucionalización del reconocimiento en la sociedad contemporánea. Este enfoque constituye un ejemplo de crítica inmanente en el sentido clásico, al evaluar la institución del trabajo conforme a su propio estándar normativo y mostrar que las políticas orientadas a generalizar la inclusión en esta forma de trabajo presentan una tendencia inmanente al fracaso. El artículo pone de manifiesto cómo la noción social del trabajo reproduce imágenes de los otros como fuerzas parasitarias en el seno del, por lo demás, prometedor mundo del trabajo moderno.